La paciencia deambula en mis soledades,
llena el vacío y las sombras alimentan pesares.
Aprendo en las noches lujos que han partido,
el recuerdo vuelve, intacto,
deseando deseos, amores, extravíos.
Invento rostros que nunca he conocido
y despierto rendida, por andar a escondidas
entre lenguas muertas.
Podría ser peor, me digo
y siento el estruendo del ultimo terremoto,
del que jun no tenemos noticias que haya acontecido.
Se pudren los que fingen vivir en libertades.
Yo por ahora me quedo hache.
Enmudezco para no nombrarme culpable
y sonrío a la brisa del aire.
Un dic may, manso, sin tempestades, sin nadie
