21 de noviembre de 2010

SUEÑOS DE LA PRISION

Duerme sultana
lento caminan
los corazones
que no tiemblan.

Nada esperan.

(del libro de Lucía Serrano "Sueños de la Prisión")

La prisión
fue el único refugio
donde aterrizaba
en mi celda
el ángel solitario
de la tristeza
para torturar
mis indefinidas verdades

Lucía Serrano

19 de noviembre de 2010

DESCARRILANDO MI DESTINO

Soberbio el corazón de la bestia feróz, apasionada por matar
lo muerto, entretiene a las almas caritativas que nada tienen
para dar y guarda lágrimas para los que merecen llorar
embriagados por valores ausentes.
Los tambores insisten con su música en aturdir a los vencidos,
deseando que el viento norte, vuelva a descarrilar con ansias
todos los imprevistos.
La autoridad del cuerpo espiritual que no cumple rituales,
entona alabanzas para las claridades del ángel.
Sentidos en llamas danzan entre las muchedumbres gritando
a los aires guardianes:
¡Los rezos no alcanzan para transformar el alma!
¡No acordemos jamás con la pobre belleza de un alma solitaria
que no ama!
¡No respeten lo muerto!
El espíritu se hunde en un abismo amargo, deseoso de
encontrar riquezas interiores, para amar víctimas inocentes
del rebaño.
Sin ningún remordimiento, el corazón salvaje distraído por la
piedad del caos, ridiculiza los lamentos.
Como nadie llegó conmigo a tanta altura, quiero seguir hasta
mi muerte aunque nadie lo quiera, descarrilando mi destino,
bajo el negro cielo, donde brille la última sonrisa.

(del libro de Lucía Serrano "Mística del Caos"

11 de noviembre de 2010

UNA LEYENDA DE AMOR

I N T R O D U C C I O N

El Amor me quitó el sueño y el Amor quita el sueño, pues el Amor no obtiene el alma y la mente por apenas medio grano de cebada.
El Amor es un león negro, sediento y bebedor de sangre, sólo pasta en la sangre de los amantes.
Se pega a ti con cariño, y te lleva hacia la trampa, cuando has caído dentro, entonces mira desde lejos.
El Amor es un príncipe tirano, un oficial de policía sin escrúpulos, tortura y estrangula al inocente.
Quien cae en las manos del Amor llora como una nube; quien mora lejos del Amor se hiela como la nieve.
A cada instante el Amor hace añicos un millar de tazones, a cada momento cose y rasga un millar de prendas.
El Amor hace llorar a mis ojos, y sigue riendo; el Amor mata miserablemente a un millar de almas, y las cuenta como una.
Aunque el simurg vuele felizmente en el Monte Qaf, cuando ve la trampa del Amor cae, y no vuelve a volar.
Ningún hombre escapa de las cuerdas del Amor por medio de mentiras o locura, ningún hombre razonable escapa de su trampa por medio de la inteligencia.
Mis palabras están desordenadas a causa del Amor, de otra manera te habría mostrado los caminos por los que el Amor viaja;
Te habría mostrado cómo el Amor atrapa al león, te habría
mostrado cómo el Amor caza a la presa.
Yalal al-Din Rumi

(Introducción al libro inédito de Lucía Serrano "Una Leyenda de Amor"

3 de noviembre de 2010

VOX DEI PRESENTE

FALLECIO RUBEN BASOALTO "El Pulpo" baterista del grupo de rock Vox Dei





Buenos Aires, 3 de noviembre (Télam).- El baterista fundador del grupo de rock Vox Dei, Rubén Basoalto, conocido como "El Pulpo", murió esta mañana a los 63 años en el Hospital Argerich, donde estaba internado desde hace tres semanas afectado por un cáncer.

Allegados al grupo informaron a Télam que el músico murió a las 9.30 y que el velatorio se realizará hoy en Quilmes, mientras que sus restos serán inhumados mañana.

Nacido en Quilmes el 9 de julio de 1947, Basoalto fundó junto a Willy Quiroga y Ricardo Soulé la banda argentina de rock Vox Dei, con la que grabó 17 álbumes, entre ellos "La Biblia".

Durante el hiato de la banda (1982-86) formó el grupo "Rompeases" junto a Raúl Fernández en la guitarra y Enrique "Avellaneda" Díaz en bajo y voces, aunque paralelamente seguiría tocando con Quiroga en el Willy Quiroga Trío.

El baterista integró hasta el final Vox Dei, banda que cumplió 43 años en septiembre último, siendo el grupo argentino más longevo y el único que se mantuvo unido desde el comienzo del movimiento denominado rock argentino en la década del 60.

30 de octubre de 2010

"EL VUELO DEL PINGÚINO"..¿adonde habrás ido?

ADIOS NESTOR KIRCHNER, HASTA LA VICTORIA SIEMPRE

GERMÁN PARDO GARCÍA
Colombia, 1902

CANTO A LA FUERZA SINDICAL

I

COMPAÑEROS de lucha: este canto a vuestra fuerza sindical
[lo principio
convocando desde lo más rojo intenso de mi sangre a la
muerte,
porque jamás seréis los constructores obreros de la vida
si ignoráis cómo trabajan los profundos mecanismos de la muerte.

Así comienzo este canto a vuestra fuerza sindical: desde
[abajo
cual si enterrase los oscuros cimientos de una casa,
para inducirla después con lentitud hacia la altura de
[hermosos cuerpos
cargados como todas las densas formas, de potencias eléctricas.

Otros hombres más universales dirían este canto
con el nombre del sol como insignia en sus bocas, del sol
[inagotable
que satura intensamente gusanos cosmogónicos
y enardece la rebelión de las panteras.

Mas yo, inmenso y brutal conocedor de sombras
[demoníacas,
afiánzome al hosco polvo con tenacidad de nervios
y lanzo este himno como ardiente flor de pólvora
que desde el piso asciende al vértigo de tempestades térmicas.

II

Y os digo en nombre de las innumerables alianzas que
[existen
entre los brazos del hombre trabajador y los sólidos seres:
ved a los armoniosos árboles confederándose
sobre el poderoso flanco del gran monte antibélico.

Ellos son el primer símbolo de esta fuerza sindical de que os
[hablo,
contemplándola desde su nacer en la arcilla hasta su
[elevación al Cosmos,
porque también allá las estrellas únense para impulsar al
[Universo,
enarbolado en mástil nuclear de lámparas tremendas
con su fulgir de insectos nebúlicos de oro.

Os doy este humano ejemplo de los árboles porque son
[criaturas
que están cada vez más próximas al espíritu del hombre.
Su inminente incorporación a nuestras almas la comprendemos
al decir: más allá de la vida todos seremos árboles.

O al exclamar: estoy solo como un árbol ante la pérdida del
[crepúsculo.

Ellos fundaron la inicial conciliación de vegetales
para defender con su auxilio al proletario parvifundio.
Al arbusto individual creciéronle otros árboles
y apareció la fronda civil llena de voces y de ruidos,
como en las plazas de las ciudades las multitudes famélicas.

Comparo este murmullo de las labiales hojas con acento de
[palabras,
porque ellas son así: dialogantes en su idioma de verdes
[monosílabos.
Tienen su misterioso abecedario y conocen la semántica del
[viento,
y en elásticos alambres de raíz o esferas húmedas y azules
graban hondas inframúsicas que nosotros no escuchamos,
y las reviven al decaer la rauda tracción de la materia.

III

ESTOS sensibles bosques sociales dotados de justísimas
[lenguas
urgen a la capacidad de mi corazón álgido y solo
para que entienda la amargura del salario miserable;
la aridez de los mineros que sacan de los cárcamos
la esclavitud de los pétreos combustibles;
la desecación de los arroyos pulmonares
por el sílice y la cal de las canteras,
y la agonía de los lívidos púgiles derrotados
por la inercia y los espectros
que atan a sus cinturas emblema falaz de campeones.

IV

ME inducen a penetrar en los talleres en que obreros
[tipógrafos
colocan grises sílabas en planchas y molduras.
Aquí la fuerza sindical logra creciente fragor de océano

que mueve sin cesar las tubulares rotativas.

Las olas de este mar tipógrafo son páginas
de blanquísimo papel que inunda las metrópolis
y se retira semejando las mareas,
para volver a anegar las casas, las calles, los estadios,
con la velocidad de sus cronologías.

¡Qué preludio tan sublime el de los linotipos y las prensas!
¡Qué ritmo tan dinámico el de los aceitados engranajes!
¡Cuánta belleza en las ustorias lámparas y espejos de
[aluminio
que distribuyen ecuaciones de calor y savias de sulfuro!

Aquí los árboles son discos enormes roturados
y laborables hojas su balsámica madera.
Se oye correr los ríos en cuyas márgenes llenas de tórridos
[pájaros
crecen las plantas de donde fluye la substantiva celulosa.
Todo diluvio aquí se escucha.
Todo huracán aquí distiéndese.
El golpe de las almádenas que parten exágonos graníticos,
repercute bajo el acero de estas bóvedadonde los relámpagos tienen menor velocidad que la noticia
Aquí la ordenadora fuerza sindical es blanca república
dirigida por las sienes sinfónicas del hombre.
Y cuando las ventanas de esta fábrica impresora se abren al
[sol y al viento,
huyen los inmortales libros como alciones
o espumas separándose de los nitrados promontorios.
Los libros inmortales
que divulgan la virilidad de las proclamas y los cantos de Píndaro.

V

ESTOS borrascosos bosques sociales me empujan a las
[riberas
donde los sindicatos de fuertes pescadores
bruñidos por las aguas teñidas de yoduros,
viven su diaria intrepidez de cálidos tritones.
Ellos, los broncos hijos del mar, se hunden en sus tormentas
a festejar sus onomásticos bestiales,
el ímpetu naval de sus bodas
o el nacimiento de una estirpe,
cual mayorazgos ebrios que retaran
la cólera de un padre enloquecido.

Tienen tatuados mapas de las naciones navegadoras
en la escollera brusca de sus velludos pechos,
como las manchas que hay en el dorso de los marinos
[elefantes.
En esa geografía humanizada sobre códices de músculos,
se apoya su derecho natural a la existencia.
¡Qué importa si sus hombros huelen a bacalao fétido
y a putrefactas proteínas!
¡Y qué si hay en sus calcañares cicatrices de paguros!
¡Qué importa si ellos viven bajo sindicales leyes
que en sus capítulos les cantan: al mar, al mar, al mar!

Así son estos hombres oceánidas: cambiantes de color y
[contextura
según el mar es áspero y de cobre, o azul índigo y tranquilo.
Asociados están como los alcatraces y así pescan.
Aprendieron del mar a federarse
y caminan obedientes al corsario caudillo.
Por eso el reclamo sindical de los estibadores
tiene poder de octópodo que amarra y paraliza.
¿No habéis visto los puertos inmóviles, las barcazas
[inmóviles,
plegados los velámenes como atáxicas plumas,
el salmón asfixiándose en las costas
y el mosto envileciéndose en las cubas?
Son los trabajadores del mar en la inacción de sus caídos
[brazos
y en la quietud de sus sociales olas,
en tanto el viejo líder, cojo de eternidad y tuerto de
constelaciones,
la insurrección de sus obreros urde.
Sus carnívoras hembras tejedoras de redes aguzan los
[arpones
como sus homicidas colmillos los escualos.
Nada es frágil en sus cuerpos de náuticos instintos.
Sus caderas rezuman sal como los poros esponjarios.
Sus verticales senos punzan como anémonas.
Y allá van tras de sus machos pescadores,
fieles a esa misma ley que agrupa a las corvinas,
mientras el tifón soplando roncas caracolas
y valvas de alectriones y crepídulas,
clama desesperadamente: ¡al mar, al mar, al mar!

VI

ME arrastran estos civiles aires a las puertas de los túneles
donde brigadas de mineros zapadores
exploran las sepultas galerías,
para ver que la arquitectura del planeta
se erige en arcos de esmeralda
sobre columnas de platino.
Cada vez que la piqueta cavadora da un golpe en las fosas
[subterráneas,
aquel orbe interior es como un templo
donde resuena un órgano monumental tocado en las
[penumbras
por la furia de un músico divino.

Allá las estalactitas licuándose parecen
pestañas de unos ojos congelados
que lloran implacables hacia adentro.
De vez en cuando fosforescencias rápidas
salidas de los cúmulos de azufre,
son antorchas que alumbran funerales
grandiosos de algún cíclope vencido.
Y si algún minero muere despedazado por las rocas,
sus compañeros con las piquetas inclinadas como a soldado
[lo sepultan.
Y el órgano estremece las cuevas de zafiro.

La fuerza sindical de los mineros
sostiene a esas brigadas en la sombra.
Sin su puntal el mundo quedaría
como perdido cofre en que tesoros
desguarnecidos por la causticidad del mar, se pudren.
La fuerza sindical de los mineros
los saca hacia la vida de lo oscuro.
Cada gota de sangre de estos hombres
se convierte en incendios de granate.
Toda lágrima suya cristaliza.

Ellos hacen germinar energía y esperanza
en lugares condenados a ser ciegos.
Yo he descendido a las minas de carbón y contemplado
la terrible oscuridad matriz del mundo.
Esas minas se encuentran más abajo de las piedras
[sepulcrales
y desde ahí se puede ver no el rostro sino la espalda de los
[muertos.
Los mineros lo saben y hunden cuñas
de esperanza en las cuarteaduras delatoras,
de donde cuelgan tiras de epidermis y sudarios
como telones de una habitación en ruinas.

Si es viscoso el contacto de la muerte
sentido en superficies luminosas,
en la tiniebla de los cárcamos
es como posar los dedos sobre ofidios vomitorios
enroscados en los fósiles de hulla.

Los mineros lo saben y elevan himnos de esperanza
para alejar la angustia que presiona
y aturdir el lamento de las criptas.
Allá bajo la tierra se oye el himno más conmovedor del
[mundo.
Son los mineros derrotando su amargura
al pie de un horizonte deletéreo,
con sus coros de arcángeles hundidos.
De pronto callan para oír que bloques bituminosos
desplómanse de arcadas y paredes,
y como exánimes cetáceos
desaparecen entre asfálticas lagunas.

VII

COMPAÑEROS de lucha: este canto a vuestra fuerza sindical
[lo concluyo
convocando desde los más sombríos sótanos mineros a la muerte,
porque jamás seréis los constructores obreros de la vida
si ignoráis cómo trabajan los profundos mecanismos de la muerte.
En esas trincheras hondas con deformes figuras talladas en las
[rocas
por el desgaste persistente de los siglos
hasta esculpir cabezas que de pronto
suplican: "Dadnos rostros humanos, concluidos".
En esas naves lóbregas donde las invocaciones así comienzan:
"En el nombre del Trabajo partimos estas rocas
y por él nuestra sangre y nuestro espíritu entregamos",
allá quisiera humildemente prosternarme
con la veracidad de aquellos seres
que pasaron por la tierra desnudos o cubiertos con pieles de leones,
a ofrecer mis tributos integrales
a esta grandeza sindical que canto
no sólo en su evidencia entre los árboles,
los talleres, océanos y minas,
sino en mí porque mi cuerpo de trabajador nocturno
envuelto en una túnica de llamas
y signando con espinas de luceros el papel para escribirle
su sangre de cristal a la Hermosura,
ese cuerpo también está nutriéndose
de vetas, yacimientos y de minas;
de peces que emocionan con sus branquias
los morados silencios de que vivo;
de hormigas que me traen los acentos
sonámbulos caídos en la arena;
de cóndores idólatras que atizan
en mis sienes la claridad que necesito;
de caballos dementes que me dan el creador estrépito;
de confederaciones celulares, cual vosotros,
y alianzas con los óxidos de la sal, y servidumbres
de mi alma escorando hacia el olvido.