22 de mayo de 2011
18 de mayo de 2011
LA NOCHE - VICENTE ALEIXANDRE
Fresco sonido extinto o sombra, el día me encuentra.
Sí, como muerte, quizá como suspiro,
quizá como un solo corazón que tiene bordes,
acaso como límite de un pecho que respira;
como un agua que rodea suavemente una forma
y convierte a ese cuerpo en estrella en el agua.
Quizá como el viaje de un ser que se siente arrastrado
a la final desembocadura en que a nadie se conoce,
en que la fría sonrisa se hace sólo con los dientes,
más dolorosa cuanto que todavía las manos están tibias.
Sí. Como ser que, vivo, porque vivir es eso,
llega en el aire, en el generoso transporte
que consiste en tenderse en la tierra y esperar,
esperar que la vida sea una fresca rosa.
Sí, como la muerte que renace en el viento.
Vida, vida batiente que con forma de brisa,
con forma de huracán que sale de un aliento,
mece las hojas, mece la dicha o el color de los pétalos,
la fresca flor sensible en que alguien se ha trocado.
Como joven silencio, como verde o laurel;
como la sombra de un tigre hermoso que surte de la selva;
como alegre retención de los rayos del sol en el plano del agua;
como la viva burbuja que un pez dorado inscribe en el azul del cielo.
Como la imposible rama en que una golondrina no detiene su vuelo...
El día me encuentra.
VICENTE ALEIXANDRE
España-1898
De “La destrucción o el amor”
Sí, como muerte, quizá como suspiro,
quizá como un solo corazón que tiene bordes,
acaso como límite de un pecho que respira;
como un agua que rodea suavemente una forma
y convierte a ese cuerpo en estrella en el agua.
Quizá como el viaje de un ser que se siente arrastrado
a la final desembocadura en que a nadie se conoce,
en que la fría sonrisa se hace sólo con los dientes,
más dolorosa cuanto que todavía las manos están tibias.
Sí. Como ser que, vivo, porque vivir es eso,
llega en el aire, en el generoso transporte
que consiste en tenderse en la tierra y esperar,
esperar que la vida sea una fresca rosa.
Sí, como la muerte que renace en el viento.
Vida, vida batiente que con forma de brisa,
con forma de huracán que sale de un aliento,
mece las hojas, mece la dicha o el color de los pétalos,
la fresca flor sensible en que alguien se ha trocado.
Como joven silencio, como verde o laurel;
como la sombra de un tigre hermoso que surte de la selva;
como alegre retención de los rayos del sol en el plano del agua;
como la viva burbuja que un pez dorado inscribe en el azul del cielo.
Como la imposible rama en que una golondrina no detiene su vuelo...
El día me encuentra.
VICENTE ALEIXANDRE
España-1898
De “La destrucción o el amor”
14 de mayo de 2011
TODO ERA ENTRE NOSOTROS
Todo era entre nosotros.
Nos esperaba el Rey en Jaen.
Nuestras costumbres no nos hacían acordar con ningún plan.
La lluvia calmaba las tristezas.
Eramos adictos al cuerpo del otro.
Lentamente perderá la corona.
La esperarán fantasmas que no violarán sus formas.
Pienso en esa especie autosuficiente y necesito tener en cuenta
mis propios planes.
Buscaba la consumación obsoleta de la locura.
Imaginaba que habitaba entre mi cuerpo y mi alma,
la unidad del amor que mi amor posee.
Fracaso frente al anonimato,
que necesita la crueldad de todos los mitos.
(del libro inédito de LUCIA SERRANO, "M A S C A R A S")
Nos esperaba el Rey en Jaen.
Nuestras costumbres no nos hacían acordar con ningún plan.
La lluvia calmaba las tristezas.
Eramos adictos al cuerpo del otro.
Lentamente perderá la corona.
La esperarán fantasmas que no violarán sus formas.
Pienso en esa especie autosuficiente y necesito tener en cuenta
mis propios planes.
Buscaba la consumación obsoleta de la locura.
Imaginaba que habitaba entre mi cuerpo y mi alma,
la unidad del amor que mi amor posee.
Fracaso frente al anonimato,
que necesita la crueldad de todos los mitos.
(del libro inédito de LUCIA SERRANO, "M A S C A R A S")
11 de mayo de 2011
5 de mayo de 2011
P A R A Í S O
un poema de CHARLES SIMIC (Belgrado, Yugoslavia 1938)
En un vecindario llamado alguna vez “Cocina infernal”
donde un mendigo decía hacer el rol del segundo de Nerón
mientras la ciudad ardía en mitad del verano;
donde una peluquera que se hacía llamar Cleopatra
esgrimía las tijeras del destino sobre mi cabeza
y corría el peligro de perder mis orejas y mi nariz;
donde un hombre y una mujer caminaban desnudos
por un callejón a la hora del crepúsculo.
Debo estar soñando, me dije.
Fue como encontrarme con una pareja de esfinges.
Esperaba que tuvieran alas, cuerpos de leones:
él con su amplio pecho tatuado;
ella con sus enormes, colgantes pechos.
Pasó muy rápido y hace mucho tiempo.
¿Conoces tú ese instante antes de que el día reviente
cuando uno suspira por quedarse entre las sábanas frescas
en un cuarto con las persianas cerradas?
La hora en que los bellos suicidadas
recostados, uno a un lado del otro, en la morgue
se levantan y caminan hacia la luz primera.
Las cortinas de hoteles baratos vuelan por las ventanas
como gaviotas, pero todo lo demás en silencio…
El vapor subiendo de las entradas del metro…
Los cuerpos brillantes por el sudor…
¡Locura, y hasta se podría decir, paraíso!
(traducción de Gabriela Cantú)
En un vecindario llamado alguna vez “Cocina infernal”
donde un mendigo decía hacer el rol del segundo de Nerón
mientras la ciudad ardía en mitad del verano;
donde una peluquera que se hacía llamar Cleopatra
esgrimía las tijeras del destino sobre mi cabeza
y corría el peligro de perder mis orejas y mi nariz;
donde un hombre y una mujer caminaban desnudos
por un callejón a la hora del crepúsculo.
Debo estar soñando, me dije.
Fue como encontrarme con una pareja de esfinges.
Esperaba que tuvieran alas, cuerpos de leones:
él con su amplio pecho tatuado;
ella con sus enormes, colgantes pechos.
Pasó muy rápido y hace mucho tiempo.
¿Conoces tú ese instante antes de que el día reviente
cuando uno suspira por quedarse entre las sábanas frescas
en un cuarto con las persianas cerradas?
La hora en que los bellos suicidadas
recostados, uno a un lado del otro, en la morgue
se levantan y caminan hacia la luz primera.
Las cortinas de hoteles baratos vuelan por las ventanas
como gaviotas, pero todo lo demás en silencio…
El vapor subiendo de las entradas del metro…
Los cuerpos brillantes por el sudor…
¡Locura, y hasta se podría decir, paraíso!
(traducción de Gabriela Cantú)
LA CIEGA Y SUS ESPEJOS
Como no quiero descubrir la nada,
como me gusta el aire de esta escena,
ignoro si enmudece o si resuena
el corazón de tórtola cazada.
Como no admito golpe ni embajada
pues creo que la muerte nunca es buena,
la pobre que alimento casi cena
una tonta merienda, enamorada.
A veces conversando con el plomo:
arráncame -le digo- trapos viejos,
y volveré del vino este que tomo
en ceremonias con el no y el lejos;
terca en mi eternidad, porque soy como
ciega que se mira en sus espejos.
CARILDA OLIVER LABRA
Cuba-1924
De "Antología poética"
como me gusta el aire de esta escena,
ignoro si enmudece o si resuena
el corazón de tórtola cazada.
Como no admito golpe ni embajada
pues creo que la muerte nunca es buena,
la pobre que alimento casi cena
una tonta merienda, enamorada.
A veces conversando con el plomo:
arráncame -le digo- trapos viejos,
y volveré del vino este que tomo
en ceremonias con el no y el lejos;
terca en mi eternidad, porque soy como
ciega que se mira en sus espejos.
CARILDA OLIVER LABRA
Cuba-1924
De "Antología poética"
4 de mayo de 2011
ULTIMA CONVERSACIÓN CON ROLANDO ESCARDÓ
Alegre huésped del espanto,
convidado del hambre,
fabuloso,
ya puedo hablar contigo.
Es aquella hora
en que tu voz de solitario restableció mi casa;
aquella hora de ti
-tramposo paseando en la violeta,
desorejado ilustre de la Plaza del Vapor-;
aquella hora de ver tus huesos juntos.
¡Qué hora para siempre!
Hora de despedirnos sin saberlo,
de ver últimamente
tus ojos de pantano estrellado,
tus ojos de caramba y quiero
que la miseria usaba como dos trapos verdes;
tus ojos que luego cerré
para que no se llenaran de muerte.
No lloro,
no capitulo,
no maldigo;
en honor tuyo sean los murciélagos
y las brumas que amabas.
Pienso que tu sangre reverbera en las cooperativas,
que eres esa vuelta en redondo de las ceibas,
esa frente de pobre salvándose
y que tu jeep sigue dando tumbos por la Revolución.
CARILDA OLIVER LABRA
Cuba-1924
De "Antología poética"
convidado del hambre,
fabuloso,
ya puedo hablar contigo.
Es aquella hora
en que tu voz de solitario restableció mi casa;
aquella hora de ti
-tramposo paseando en la violeta,
desorejado ilustre de la Plaza del Vapor-;
aquella hora de ver tus huesos juntos.
¡Qué hora para siempre!
Hora de despedirnos sin saberlo,
de ver últimamente
tus ojos de pantano estrellado,
tus ojos de caramba y quiero
que la miseria usaba como dos trapos verdes;
tus ojos que luego cerré
para que no se llenaran de muerte.
No lloro,
no capitulo,
no maldigo;
en honor tuyo sean los murciélagos
y las brumas que amabas.
Pienso que tu sangre reverbera en las cooperativas,
que eres esa vuelta en redondo de las ceibas,
esa frente de pobre salvándose
y que tu jeep sigue dando tumbos por la Revolución.
CARILDA OLIVER LABRA
Cuba-1924
De "Antología poética"
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