14 de octubre de 2016

MAJESTADES  SATANICAS (del libro de Lucia Serrano “Mìstica del Caos”)

Agotados los diferentes venenos no hay comienzos ciertos.
En la ciudad todos están de luto y Dios se aburrió de acompañar
a los idiotas.
La belleza indolente, no encuentra las heridas por más que
busque sin descanso.
El corazón sediento no quiere frenos en su viaje y se desliza
implacable sobre un espejismo lejano.
Un análisis final del pecado triunfante, origina majestades satánicas.
La humanidad está aburrida de amores dominados por un cielo
ausente y la mirada inquieta no divisa mañanas enamoradas sin
ninguna queja.
Satán despierta por los gritos de los hombres avergonzados,
dominados por virtudes somnolientas, que no encuentran entre
sus pasos el bienestar esperado.
Enamorados de placeres ridículos donde el alma resplandece
entre muros de amores irrisorios, alzan sus cabezas al cielo,
pero nadie contesta.
Por un placer inexistente, se inclinan hasta llegar a atrocidades.
Cruzan tinieblas sin fin y se arrastran más torpes que los ciegos
sin ver la salida.
El caos reinante los insulta todos los días desde las alturas.
Vuestro padre inmortal desde lejos, los sigue con ternura.
Sombras de la gracia que nadie reconoce, temerosas de existir
avergonzadas reclaman sueños divinos y al no encontrarlos,
se despiden de la vida con solemne adiós.
Tanta tristeza frente a los pasos inseguros que no ven la gloria
prometida, crean el alma de majestades satánicas.
¡Basta ingenuos, son restos de una humanidad mediocre la que
acompaña feroz vuestros mejores sueños, para que no se cumplan!

¡Nadie os saluda antes de morir!       

30 de agosto de 2016

SILENCIO DE MADRUGADA

“las luciérnagas dejaron de aullar”
René Villar

Descansan las luciérnagas a nuestros pies,
la escucha del alma es compañía absoluta,
e infinito el placer que la ciencia no cautiva.
Silencio que trasciende las luces tenues
del suntuoso día.
Tierna música que enamora a las ninfas
en la noche callada.
De la fuente plateada, se asoma
el fresco aroma de este extraño corazón
que se instaló en mis entrañas.

Me enamora este silencio mensajero.

No iré a ningún sitio.
Me quedaré aquí,
embriagada por la luz de las luciérnagas.

Lucía Serrano

3 de junio de 2016

EDGAR BAYLEY

COSTUMBRES DE LOS ALCOBRANES

no sé mucho de pájaros
sospecho sin embargo que no eres un albatros
un alcobrán más bien de fino plumaje negro
tus alas de gigante te permiten volar
y te quedas retenido en esta casa
te arrastras de una a otra habitación
no entiendo qué te impide fugarte
hablamos poco lo indispensable
y yo es verdad me olvido de tu presencia
te dejo abandonado durante semanas enteras
tú te buscas tu alimento arreglas tu lecho
no me das trabajo y como yo hablas muy poco
no sé cómo apareciste en mi casa
y además si alguien supiera que aquí hay un alcobrán
qué contrariedad qué de explicaciones rebuscadas
pero no me molesta ni tu fija y brillante mirada
ni tus garras ni tus alas ni las raras veces
que hablas de tus viajes
yo sé sin embargo que los alcobranes cambian mucho de personalidad
que a veces se vuelven habladores
y tanto pueden ser simpáticos corteses hábiles y atractivos
y brillar en sociedad
como volverse ásperos torpes insolentes agresivos y coléricos
que tanto pueden divertir con sus cómicas piruetas
como asustar con sus violentos estallidos
que pueden ser humildes amables y pacientes
como intemperantes y suciamente orgullosos
o inteligentes y de una gracia atractiva y bondadosa
o de ingenio lerdo desmañados y de crueles intenciones
pero sé también que los alcobranes padecen por sus errores en sociedad
y que el amor que no pueden expresar ni ejercer
es su verdad más honda la única inalterable
por eso es muy posible aunque no te lo he preguntado
que después de muchos viajes y experiencias
prefieras para no causar involuntarios inevitables males
mantenerte apartado en esta casa
porque sabes que no hay fiesta posible
ni otra vía que la soledad y el olvido


De Celebraciones (1968-1976)

22 de mayo de 2016

EL HIEROFANTE

¡Insensible al Amor, sobre una roca
y sin temer la oscuridad espero!
¡Sin piedad, sin dolor, alma de acero,
contra el Espacio mi conciencia choca!

¡Silénciame, mujer! ¡Nubla mi boca!
¡Amigo, no me llames compañero!
¡Hosco soy y bestial y así lo quiero!
¡Ay del que a ciegas mis abismos toca!

¡Polvo de siglos, perturbada esfera,
yermo de horror, sin rumbo hacia adelante,
soy el Hombre al que el Átomo vulnera!

¡Anticristo de sal y delirante,
partí la cruz en que morir pudiera!
¡Mas no compadezcáis al Hierofante!

GERMÁN PARDO GARCÍA
Colombia-1902
De “Himnos al Hierofante”

1 de mayo de 2016

GONZALO ROJAS

CARTA DEL SUICIDA

JURO que esta mujer me ha partido los sesos,
porque ella sale y entra como una bala loca,
y abre mis parietales, y nunca cicatriza,
así sople el verano o el invierno,
así viva feliz sentado sobre el triunfo
y el estómago lleno, como un cóndor saciado,
así padezca el látigo del hambre, así me acueste
o me levante, y me hunda de cabeza en el día
como una piedra bajo la corriente cambiante,
así toque mi cítara para engañarme, así
se abra una puerta y entren diez mujeres desnudas,
marcadas sus espaldas con mi letra, y se arrojen
unas sobre otras hasta consumirse,
juro que ella perdura, porque ella sale y entra
como una bala loca,
me sigue adonde voy y me sirve de hada,
me besa con lujuria
tratando de escaparse de la muerte.
y, cuando caigo al sueño, se hospeda en mi columna
vertebral, y me grita pidiéndome socorro,
me arrebata a los cielos, como un cóndor sin madre
empollado en la muerte.

30 de abril de 2016

ALEJANDRA PIZARNIK 
Argentina, 1936

MUCHO MÁS ALLÁ
¿Y qué si nos vamos anticipando
de sonrisa en sonrisa
hasta la última esperanza?
¿Y qué?
¿Y qué me da a mí,
a mí que he perdido mi nombre,
el nombre que me era dulce sustancia
en épocas remotas, cuando yo no era yo
sino una niña engañada por su sangre.
¿A qué, a qué
este deshacerme, este desangrarme,
este desplumarme, este desequilibrarme
si mi realidad retrocede
como empujada por una ametralladora
y de pronto se lanza a correr,
aunque igual la alcanzan,
hasta que cae a mis pies como un ave muerta?
Quisiera hablar de la vida.
Pues esto es la vida,
este aullido, este clavarse las uñas
en el pecho, este arrancarse
la cabellera a puñados, este escupirse
a los propios ojos, sólo por decir,
sólo por ver si se puede decir:
"¿es que soy yo? ¿verdad que sí?
¿no es verdad que yo existo
y no soy la pesadilla de una bestia?"
Y con las manos embarradas
golpeamos a las puertas del amor.
Y con la conciencia cubierta
de sucios y hermosos velos,
pedimos por Dios.
Y con las sienes restallantes
de imbécil soberbia
tomamos de la cintura a la vida
y pateamos de soslayo a la muerte.
Pues eso es lo que hacemos.
Nos anticipamos de sonrisa en sonrisa
hasta la última esperanza.

29 de marzo de 2016

YORGOS SEFERIS


Tres rocas unos pocos pinos quemados y una ermita y más arriba
el mismo paisaje copiado recomienza;
tres rocas en forma de pórtico, herrumbrosas
unos pocos pinos quemados, negros y amarillos
y una casita cuadrada sepultada en la cal;
y más arriba todavía muchas veces
el mismo paisaje recomienza escalonado
hasta el horizonte hasta el cielo en ocaso.
Aquí anclamos el barco para reparar los remos quebrados,
para tomar agua y dormir.
El mar que nos amargaba es profundo e inescrutable
y despliega una serenidad infinita.
Aquí entre los guijarros hallamos una moneda
y la jugamos a los dados.
La ganó el menor y desapareció.
Nos volvimos a embarcar con nuestros remos quebrados.
  

Yorgos Seferis (Esmirna, 1900- Atenas, 1971).