10 de abril de 2010
ANGEL MIO
A mi hijo Emiliano
Angel mío,
cristal de la noche,
encuentra:
sueños en las noches,
flores en las noches,
vientos en las noches.
Después,
apaga la luz
y acróbata del tiempo,
duerme.
Lucía Serrano
Angel mío,
cristal de la noche,
encuentra:
sueños en las noches,
flores en las noches,
vientos en las noches.
Después,
apaga la luz
y acróbata del tiempo,
duerme.
Lucía Serrano
COMO YO TE QUIERO

(este cuadro es de Miguel Oscar Menassa "Encuentro Nocturno"
Te quiero,
sencillamente te quiero esta mañana
y espero nuestro encuentro en luna nueva.
Te quiero,
te quiero como yo te quiero,
como un amante supremo,
valeroso y cobarde,
olvidando todas las blasfemias
que hubieran salido alguna vez por mis labios.
Te quiero,
y cierro el puño de mi mano izquierda,
mientras con la derecha
escribo este verso,
en el que todos los recuerdos nos llaman a estar juntos,
a danzar en las arenas,
desnudos mirando las estrellas.
Te quiero,
porque sí,
por la luz de este sitio oscuro
que hay cuando te nombro
en esta celda encendida
hoy con tu presencia.
Como yo te quiero
te querrán los ángeles del cielo
que ambos conocemos,
y ningún dolor de esta tierra
tocará nuestros corazones
y nuestro amor será eterno.
Lucía Serrano
5 de abril de 2010
1 de abril de 2010
COMPARTIENDO HAZAÑAS
Tic tac adormeciendo
los pasos no tenidos,
muro de piedra
amenazando al sol,
brújula,
temperamento soberbio,
microorganismos vivos,
farsa antigua,
desmedida guerra
atacando las fuerzas
ocultas del Poeta.
Siglos de protesta
vienen hacia mí.
En el intento
de esquivarlos,
cierro los ojos
y aguardo
una vez más amor,
esa presencia tuya.
Inmaculado corazón
compartiendo hazañas.
Lucía Serrano
los pasos no tenidos,
muro de piedra
amenazando al sol,
brújula,
temperamento soberbio,
microorganismos vivos,
farsa antigua,
desmedida guerra
atacando las fuerzas
ocultas del Poeta.
Siglos de protesta
vienen hacia mí.
En el intento
de esquivarlos,
cierro los ojos
y aguardo
una vez más amor,
esa presencia tuya.
Inmaculado corazón
compartiendo hazañas.
Lucía Serrano
21 de marzo de 2010
VIEJAS PROSTITUTAS CALLEJERAS
“no hay nada que hacer contra
la noche que nace”
Vicente Huidobro
Iluminado es este paisaje externo
donde viejas prostitutas callejeras
engendran un aire viciado que me satisface
y coinciden la tierra con el cielo
hasta llegar como un demonio al poema
y amar ese desplazamiento eterno.
Se alarga la vida por las calles
de esa mía ciudad,
carcajadas de las prostitutas
hacen latir sus corazones.
Días enteros bajo las palmeras
esperando el milagro,
donde la pasión vuelve
haciéndome sentir enamorada.
Sin ninguna pregunta me lleva de la mano,
y descanso en su cama.
Esos días, los elementos que componen la poesía
se esparcen por los aires y yo, sometido,
encuentro soluciones,
ascendiendo como pájaros borrachos.
No se vacían las calles en mi ciudad,
los gritos y aullidos despiertan
al deslumbrante palpitar de las horas
que van estremeciendo
los aislados pasos de cualquier transeúnte.
Escucho todos los silencios amordazados
por años lujuriosos
donde se hizo necesario callar
frente a los imbéciles que están de paso
por esas calles de esa mía ciudad.
El mundo interior no pareciera
tener paisaje,
sólo el poema aguarda sin sabiduría
y ejercita mientras dure el día
el hombre aquél
su pálida tentativa de salvación.
Pienso en gritarle ¡ey condenado!
las risas de las mujeres misteriosas
me hacen fácil la letra del poema,
me ausento en esa nave tumultuosa
y vuelvo a ser cualquiera.
¡Oh placer de la deriva!
te entretienen viejas prostitutas callejeras
mientras aguardas un bello amor,
remanso de las gotas de lluvia
a la vera del río,
amanecer, que por antiguo
no llegará jamás.
Mientras tanto los días pasan sin mí
y sin ellas.
Las piedras que deja la muerte en los caminos
no duele, y salvajes ritos
acompañan los próximos pasos
que bien sabemos, no van a ninguna parte,
La muerte vestida con honores
aguarda esa llegada.
¡Oh tiempo!
vertical madera dolorosa,
haciendo añicos los cristales.
Lucía Serrano
la noche que nace”
Vicente Huidobro
Iluminado es este paisaje externo
donde viejas prostitutas callejeras
engendran un aire viciado que me satisface
y coinciden la tierra con el cielo
hasta llegar como un demonio al poema
y amar ese desplazamiento eterno.
Se alarga la vida por las calles
de esa mía ciudad,
carcajadas de las prostitutas
hacen latir sus corazones.
Días enteros bajo las palmeras
esperando el milagro,
donde la pasión vuelve
haciéndome sentir enamorada.
Sin ninguna pregunta me lleva de la mano,
y descanso en su cama.
Esos días, los elementos que componen la poesía
se esparcen por los aires y yo, sometido,
encuentro soluciones,
ascendiendo como pájaros borrachos.
No se vacían las calles en mi ciudad,
los gritos y aullidos despiertan
al deslumbrante palpitar de las horas
que van estremeciendo
los aislados pasos de cualquier transeúnte.
Escucho todos los silencios amordazados
por años lujuriosos
donde se hizo necesario callar
frente a los imbéciles que están de paso
por esas calles de esa mía ciudad.
El mundo interior no pareciera
tener paisaje,
sólo el poema aguarda sin sabiduría
y ejercita mientras dure el día
el hombre aquél
su pálida tentativa de salvación.
Pienso en gritarle ¡ey condenado!
las risas de las mujeres misteriosas
me hacen fácil la letra del poema,
me ausento en esa nave tumultuosa
y vuelvo a ser cualquiera.
¡Oh placer de la deriva!
te entretienen viejas prostitutas callejeras
mientras aguardas un bello amor,
remanso de las gotas de lluvia
a la vera del río,
amanecer, que por antiguo
no llegará jamás.
Mientras tanto los días pasan sin mí
y sin ellas.
Las piedras que deja la muerte en los caminos
no duele, y salvajes ritos
acompañan los próximos pasos
que bien sabemos, no van a ninguna parte,
La muerte vestida con honores
aguarda esa llegada.
¡Oh tiempo!
vertical madera dolorosa,
haciendo añicos los cristales.
Lucía Serrano
20 de marzo de 2010
CANTO QUINTO
La ciudad sigue gris
cuando escribo lentamente mis versos.
La época del sol,
era en antaño,
recuerdo sus fulgores,
ácidos amarillos contra los ojos ciegos.
Ahora en la ciudad,
del gris intenso,
escribir lentamente mis versos,
ya no alcanza.
El escritor,
altera sus sentidos,
el escritor,
sabe que fueron necesarios,
un siglo entero de mujeres,
cinco siglos de dios,
para que el poeta se deje llevar,
para que vuele.
Miguel Oscar Menassa
De "Canto a nosotros mismos también somos América", 1978
cuando escribo lentamente mis versos.
La época del sol,
era en antaño,
recuerdo sus fulgores,
ácidos amarillos contra los ojos ciegos.
Ahora en la ciudad,
del gris intenso,
escribir lentamente mis versos,
ya no alcanza.
El escritor,
altera sus sentidos,
el escritor,
sabe que fueron necesarios,
un siglo entero de mujeres,
cinco siglos de dios,
para que el poeta se deje llevar,
para que vuele.
Miguel Oscar Menassa
De "Canto a nosotros mismos también somos América", 1978
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