Tic tac adormeciendo
los pasos no tenidos,
muro de piedra
amenazando al sol,
brújula,
temperamento soberbio,
microorganismos vivos,
farsa antigua,
desmedida guerra
atacando las fuerzas
ocultas del Poeta.
Siglos de protesta
vienen hacia mí.
En el intento
de esquivarlos,
cierro los ojos
y aguardo
una vez más amor,
esa presencia tuya.
Inmaculado corazón
compartiendo hazañas.
Lucía Serrano
1 de abril de 2010
21 de marzo de 2010
VIEJAS PROSTITUTAS CALLEJERAS
“no hay nada que hacer contra
la noche que nace”
Vicente Huidobro
Iluminado es este paisaje externo
donde viejas prostitutas callejeras
engendran un aire viciado que me satisface
y coinciden la tierra con el cielo
hasta llegar como un demonio al poema
y amar ese desplazamiento eterno.
Se alarga la vida por las calles
de esa mía ciudad,
carcajadas de las prostitutas
hacen latir sus corazones.
Días enteros bajo las palmeras
esperando el milagro,
donde la pasión vuelve
haciéndome sentir enamorada.
Sin ninguna pregunta me lleva de la mano,
y descanso en su cama.
Esos días, los elementos que componen la poesía
se esparcen por los aires y yo, sometido,
encuentro soluciones,
ascendiendo como pájaros borrachos.
No se vacían las calles en mi ciudad,
los gritos y aullidos despiertan
al deslumbrante palpitar de las horas
que van estremeciendo
los aislados pasos de cualquier transeúnte.
Escucho todos los silencios amordazados
por años lujuriosos
donde se hizo necesario callar
frente a los imbéciles que están de paso
por esas calles de esa mía ciudad.
El mundo interior no pareciera
tener paisaje,
sólo el poema aguarda sin sabiduría
y ejercita mientras dure el día
el hombre aquél
su pálida tentativa de salvación.
Pienso en gritarle ¡ey condenado!
las risas de las mujeres misteriosas
me hacen fácil la letra del poema,
me ausento en esa nave tumultuosa
y vuelvo a ser cualquiera.
¡Oh placer de la deriva!
te entretienen viejas prostitutas callejeras
mientras aguardas un bello amor,
remanso de las gotas de lluvia
a la vera del río,
amanecer, que por antiguo
no llegará jamás.
Mientras tanto los días pasan sin mí
y sin ellas.
Las piedras que deja la muerte en los caminos
no duele, y salvajes ritos
acompañan los próximos pasos
que bien sabemos, no van a ninguna parte,
La muerte vestida con honores
aguarda esa llegada.
¡Oh tiempo!
vertical madera dolorosa,
haciendo añicos los cristales.
Lucía Serrano
la noche que nace”
Vicente Huidobro
Iluminado es este paisaje externo
donde viejas prostitutas callejeras
engendran un aire viciado que me satisface
y coinciden la tierra con el cielo
hasta llegar como un demonio al poema
y amar ese desplazamiento eterno.
Se alarga la vida por las calles
de esa mía ciudad,
carcajadas de las prostitutas
hacen latir sus corazones.
Días enteros bajo las palmeras
esperando el milagro,
donde la pasión vuelve
haciéndome sentir enamorada.
Sin ninguna pregunta me lleva de la mano,
y descanso en su cama.
Esos días, los elementos que componen la poesía
se esparcen por los aires y yo, sometido,
encuentro soluciones,
ascendiendo como pájaros borrachos.
No se vacían las calles en mi ciudad,
los gritos y aullidos despiertan
al deslumbrante palpitar de las horas
que van estremeciendo
los aislados pasos de cualquier transeúnte.
Escucho todos los silencios amordazados
por años lujuriosos
donde se hizo necesario callar
frente a los imbéciles que están de paso
por esas calles de esa mía ciudad.
El mundo interior no pareciera
tener paisaje,
sólo el poema aguarda sin sabiduría
y ejercita mientras dure el día
el hombre aquél
su pálida tentativa de salvación.
Pienso en gritarle ¡ey condenado!
las risas de las mujeres misteriosas
me hacen fácil la letra del poema,
me ausento en esa nave tumultuosa
y vuelvo a ser cualquiera.
¡Oh placer de la deriva!
te entretienen viejas prostitutas callejeras
mientras aguardas un bello amor,
remanso de las gotas de lluvia
a la vera del río,
amanecer, que por antiguo
no llegará jamás.
Mientras tanto los días pasan sin mí
y sin ellas.
Las piedras que deja la muerte en los caminos
no duele, y salvajes ritos
acompañan los próximos pasos
que bien sabemos, no van a ninguna parte,
La muerte vestida con honores
aguarda esa llegada.
¡Oh tiempo!
vertical madera dolorosa,
haciendo añicos los cristales.
Lucía Serrano
20 de marzo de 2010
CANTO QUINTO
La ciudad sigue gris
cuando escribo lentamente mis versos.
La época del sol,
era en antaño,
recuerdo sus fulgores,
ácidos amarillos contra los ojos ciegos.
Ahora en la ciudad,
del gris intenso,
escribir lentamente mis versos,
ya no alcanza.
El escritor,
altera sus sentidos,
el escritor,
sabe que fueron necesarios,
un siglo entero de mujeres,
cinco siglos de dios,
para que el poeta se deje llevar,
para que vuele.
Miguel Oscar Menassa
De "Canto a nosotros mismos también somos América", 1978
cuando escribo lentamente mis versos.
La época del sol,
era en antaño,
recuerdo sus fulgores,
ácidos amarillos contra los ojos ciegos.
Ahora en la ciudad,
del gris intenso,
escribir lentamente mis versos,
ya no alcanza.
El escritor,
altera sus sentidos,
el escritor,
sabe que fueron necesarios,
un siglo entero de mujeres,
cinco siglos de dios,
para que el poeta se deje llevar,
para que vuele.
Miguel Oscar Menassa
De "Canto a nosotros mismos también somos América", 1978
15 de marzo de 2010
FATAL INSOMNIO
Intento multiplicar los pactos
y quiero verte volver desesperado
a inventar otros mundos.
Corro la telaraña del tiempo
transcurrido,
y deseo que vuelvas a mi lado.
Este hálito de vida
me ensordece
y no hay mundo
si tú no estás conmigo.
Ven amor mío,
descansa del vértigo
de habernos conocido,
y ejecuta esta sed
que no descansa.
Fatal insomnio
que tiene el peregrino.
Lucía Serrano
y quiero verte volver desesperado
a inventar otros mundos.
Corro la telaraña del tiempo
transcurrido,
y deseo que vuelvas a mi lado.
Este hálito de vida
me ensordece
y no hay mundo
si tú no estás conmigo.
Ven amor mío,
descansa del vértigo
de habernos conocido,
y ejecuta esta sed
que no descansa.
Fatal insomnio
que tiene el peregrino.
Lucía Serrano
12 de marzo de 2010
VOY POR UN SONETO, QUE TE REGALO, AMOR
Voy por un soneto, que te regalo, amor,
por un breve soneto de alegría y paz.
por un pequeño canto para tus pieles,
abiertas, sí, desmesuradamente, para mí.
Te canto dulcemente enamorado para ver,
en tu mirada lenta, ser espléndida luz,
espejos claros de la dicha en tus ojos,
negro fulgurante de apasionada soledad.
Pongo mi sangre en movimiento. Alcanzo,
en las delicias plenas de los vientres,
Voces, encendidos carmines, fuegos de ti.
Poemas para nunca tocarte ni olvidarte,
sino en suaves murmullos que desprendo,
de mis sencillos versos, sobre tu piel.
Del libro:"Poemas y cartas a mi amante loca joven poeta psicoanalista"
Miguel Oscar Menassa
por un breve soneto de alegría y paz.
por un pequeño canto para tus pieles,
abiertas, sí, desmesuradamente, para mí.
Te canto dulcemente enamorado para ver,
en tu mirada lenta, ser espléndida luz,
espejos claros de la dicha en tus ojos,
negro fulgurante de apasionada soledad.
Pongo mi sangre en movimiento. Alcanzo,
en las delicias plenas de los vientres,
Voces, encendidos carmines, fuegos de ti.
Poemas para nunca tocarte ni olvidarte,
sino en suaves murmullos que desprendo,
de mis sencillos versos, sobre tu piel.
Del libro:"Poemas y cartas a mi amante loca joven poeta psicoanalista"
Miguel Oscar Menassa
10 de marzo de 2010
DISCIPLINA ANTIGUA
Los borrachos no saben hablar a las mujeres
y se han dispersado: nadie les quiere.
Van despacio por la calle, la calle y los faroles
no tienen fin. Alguno da paseos más largos:
pero nada hay que temer, al día siguiente regresan a casa.
El borracho que se dispersa se imagina con mujeres
-los faroles son siempre los mismos y las mujeres, por la noche,
son siempre las mismas-: ninguna le escucha.
El borracho argumenta y las mujeres no quieren.
Estas mujeres que ríen son el tema de su plática:
¿por qué ríen tanto las mujeres o gritan, si lloran?
El borracho quisiera una mujer borracha
que escuchase sumisa. Pero éstas le ensordecen
”para tener un hijo, debes pasar por nosotras.”
El borracho se abraza a un compañero borracho,
que esta noche es su hijo, no nacido de aquéllas,
¿Cómo una mujercita que llora y chilla
podría hacerle un hijo compañero? Si el otro está ebrio,
en su andar bamboleante ni se acuerda de las mujeres
y los dos avanzan en paz. El hijito que importa
no ha nacido de mujer –también él
sería una mujer. Él anda con el padre y discute:
los faroles le duran toda la noche.
CESARE PAVESE
Italia-1908
De “Trabajar cansa
y se han dispersado: nadie les quiere.
Van despacio por la calle, la calle y los faroles
no tienen fin. Alguno da paseos más largos:
pero nada hay que temer, al día siguiente regresan a casa.
El borracho que se dispersa se imagina con mujeres
-los faroles son siempre los mismos y las mujeres, por la noche,
son siempre las mismas-: ninguna le escucha.
El borracho argumenta y las mujeres no quieren.
Estas mujeres que ríen son el tema de su plática:
¿por qué ríen tanto las mujeres o gritan, si lloran?
El borracho quisiera una mujer borracha
que escuchase sumisa. Pero éstas le ensordecen
”para tener un hijo, debes pasar por nosotras.”
El borracho se abraza a un compañero borracho,
que esta noche es su hijo, no nacido de aquéllas,
¿Cómo una mujercita que llora y chilla
podría hacerle un hijo compañero? Si el otro está ebrio,
en su andar bamboleante ni se acuerda de las mujeres
y los dos avanzan en paz. El hijito que importa
no ha nacido de mujer –también él
sería una mujer. Él anda con el padre y discute:
los faroles le duran toda la noche.
CESARE PAVESE
Italia-1908
De “Trabajar cansa
9 de marzo de 2010
SIN AZAR, NI FORTUNA
Disuelvo en las arenas
los siete pecados capitales
y no hay caída, ni guerra
desangrando los pasos en la tierra.
No se alcanza la materia inerte,
y todos los campesinos
trabajan bajo el sol del mediodía
y mueren una noche cualquiera
de rodillas.
Inevitable es el horror del cielo
y tú estás sometido a ese fuego.
Sutil agita el ave su cordura
y no cae bajo el mármol rosa
de una luna llena.
Sin azar, ni fortuna,
miro y soy mirado
por un rostro insensato,
que se bien no es el mío.
Hay un dios que no duele
en las mañanas
e infinitos silencios
lo acompañan
Lucía Serrano
los siete pecados capitales
y no hay caída, ni guerra
desangrando los pasos en la tierra.
No se alcanza la materia inerte,
y todos los campesinos
trabajan bajo el sol del mediodía
y mueren una noche cualquiera
de rodillas.
Inevitable es el horror del cielo
y tú estás sometido a ese fuego.
Sutil agita el ave su cordura
y no cae bajo el mármol rosa
de una luna llena.
Sin azar, ni fortuna,
miro y soy mirado
por un rostro insensato,
que se bien no es el mío.
Hay un dios que no duele
en las mañanas
e infinitos silencios
lo acompañan
Lucía Serrano
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