lunes, 20 de mayo de 2013

ALTA MAREA - ENRIQUE MOLINA


Cuando un hombre y una mujer que se han amado se separan
se yergue como una cobra de oro el canto ardiente del orgullo
la errónea maravilla de sus noches de amor
las constelaciones pasionales
los arrebatos de su indómito viaje sus risas a través de las piedras
sus plegarias y cóleras
sus dramas de secretas injurias enterradas
sus maquinaciones perversas las cacerías y disputas
el oscuro relámpago humano que aprisionó un instante el furor de sus cuerpos con el lazo fulmíneo de
/las antípodas
los lechos a la deriva en el oleaje de gasa de los sueños
la mirada de pulpo de la memoria
los estremecimientos de una vieja leyenda cubierta de pronto con la palidez de la tristeza y todos los
/gestos del abandono
dos o tres libros y una camisa en una maleta
llueve y el tren desliza un espejo frenético por los rieles de la tormenta
el hotel da al mar
tanto sitio ilusorio tanto lugar de no llegar nunca
tanto trajín de gentes circulando con objetos inútiles o
enfundadas en ropas polvorientas
pasan cementerios de pájaros
cabezas actitudes montañas alcoholes y contrabandos informes
cada noche cuando te desvestías
la sombra de tu cuerpo desnudo crecía sobre los muros hasta el techo
los enormes roperos crujían en las habitaciones inundadas
puertas desconocidas rostros vírgenes
los desastres imprecisos los deslumbramientos de la aventura
siempre a punto de partir
siempre esperando el desenlace
la cabeza sobre el tajo
el corazón hechizado por la amenaza tantálica del mundo.

Y ese reguero de sangre
un continente sumergido en cuya boca aún hierve la espuma de los días indefensos bajo el soplo del sol
el nudo de los cuerpos constelados por un fulgor de lentejuelas insaciables
esos labios besados en otro país en otra raza en otro planeta en otro cielo en otro infierno
regresaba en un barco
una ciudad se aproximaba a la borda con su peso de sal como un enorme galápago
todavía las alucinaciones del puente y el sufrimiento del trabajo marítimo con el desplomado trono de
/las olas y el árbol de la hélice que pasaba justamente bajo mi cucheta
éste es el mundo desmedido el mundo sin reemplazo el mundo desesperado como una fiesta en su
/huracán de estrellas
pero no hay piedad para mí
ni el sol ni el mar ni la loca pocilga de los puertos
ni la sabiduría de la noche a la que oigo cantar por la boca de las aguas y de los campos con las
/violencias de este planeta que nos pertenece y se nos escapa
entonces tú estabas al final
esperando en el muelle mientras el viento me devolvía a tus brazos como un pájaro
en la proa lanzaron el cordel con la bola de plomo en la punta y el cabo de Manila fue recogido
todo termina
los viajes y el amor
nada termina
ni viajes ni amor ni olvido ni avidez
todo despierta nuevamente con la tensión mortal de la bestia que acecha en el sol de su instinto
todo vuelve a su crimen como un alma encadenada a su dicha y a sus muertos
todo fulgura como un guijarro de Dios sobre la playa
unos labios lavados por el diluvio y queda atrás
el halo de la lámpara el dormitorio arrasado por la vehemencia del verano y el remolino de las hojas
/sobre las sábanas vacías
y una vez más una zarpa de fuego se apoya en el corazón de su presa
en este Nuevo Mundo confuso abierto en todas direcciones
donde la furia y la pasión se mezclan al polen del Paraíso
y otra vez la tierra despliega sus alas y arde de sed intacta y sin raíces
cuando un hombre y una mujer que se han amado se separan

domingo, 12 de mayo de 2013

EL OLOR A POLVORA



El olor a pólvora,
me hizo saber que habías muerto.
Los hombres que rodeaban,
las mesas vecinas,
abrían la boca para decir tu nombre
y sobraban las letras en la frase.
Ninguno recordó el nombre
de tu primer libro,
nadie siguió escribiendo,
la grandiosa novela del río sin orillas.
Sólo hubo conversaciones por tu pérdida.
Frente a tu tumba, nadie lloraba,
Ninguna palabra recorrió la metralla de tus libros.
La memoria traía telarañas,
sangre petrificada,
tambores del viento,
dolores abandonados,
máscaras frente al fuego.
Miré la calle, donde imaginé,
habías caminado la última vez,
a solas, andar lento,
y a pocos metros, vuelta a casa,
tinta, papel y aquel olor eterno.

LUCIA SERRANO

UNA CASA DE CAMPO



Llevará un tiempo olvidar los gestos inhumanos.
Me quedaré a solas imaginando,
una casa de campo donde nadie me llame,
y yo desaparezca malgastando en el ocio,
infelices sueños,
furiosos obstáculos que inventaron para mí,
los seres más cercanos.
Una casa blanca, elemental, vacía.
Una casa de campo.

LUCIA SERRANO

domingo, 28 de abril de 2013


                  ME GUSTARIA HUIR ( a Pajarito Zaguri – 22/4/2013)

                         “Un pájaro que vuela hacia arriba, no alcanza los cielos, pero                  
se eleva por encima de los techos y así escapa” RUMI

Me gustaría huir para quedarme, atravesar la bruma.
Genio iluminando la vida detrás de las miradas,
destrozando olvidos que clausuran el vuelo,
y agitan tenuemente la agonía.
No querer triunfos inmerecidos,
ser ligero como el tigre alcanzando su presa,
evitar el horror de tener que callar frente a la farsa.
Huir del poder que maneja ebrios zarpazos extranjeros,
¡No necesitan nuestras alforjas estar llenas!.
Me gustaría huir de los posibles tesoros prometidos,
que no alcanzan la gloria merecida.
Quisiera no tener vanidad que acompañe mi nombre,
para vivir soñando la llama que el amor posee,
suaves caricias, delicada seda.
Huir de los miserables que sin tener nada .
son reyes de un espacio colmado por ellos mismos,
a su antojo, apariencias de la verdad. 
Me gustaría no tener un único deseo y seguir
el camino aturdido, borracho tránsito dionisíaco.
Aprender del incierto abanico solitario,
del misterio como un ingenuo niño
que deliciosamente juega a ser mañana.
No temer a los pobres que son célebres,
ni querer la monotonía de todos los instantes.
No ser amable con el torturador,
ni ser amigo de cualquier farsante.
Levantar la cabeza para mirar más alto cada día,
y esperar la salida del sol que siempre llega,
sin pretender iluminar la noche oscura con blasfemias.
Huir de lo que el tiempo fue dejando atrás,
no volver a ningún sitio con las manos atadas
sintiéndome culpable de haber perdido algo,
de haberme equivocado.
No encender por las noches fuegos innecesarios,
guardar lágrimas frente al monstruo dorado de la suerte.
Festejar que los muertos estén muertos, “lo que se fue, se vaya”.
Recordar el aroma de las flores y no amar la tortura, ni las armas.
Ser como el cristal, transparente frente a la transparencia,
y opaco frente a las sombras que ocultan las verdades más altas.
Borrar a todo reino que no tenga de alimento bálsamos para el alma,
y en las noches de desilusión, estar con los amigos amables
contando cuentos que nos pertenecen,
historias del camino donde el lenguaje manda.
Me gustaría huir del silencio mezquino que tiene un único interés,
atacar por atrás más confiado, destruir su inocencia.
Me gustaría apagar las luces cuando no queda nadie y esperar
manantiales gloriosos que nos serán ofrecidos
en cada reposo donde detengamos el paso,
para seguir viajando hasta el final del recorrido.
No perdonar al traidor, desenmascararlo,
no temer que la voz se ahogue en sangre,
que los estériles gestos desalmados sean ajusticiados.
Un día el mundo será para los santos, vasto jardín sembrado,
en cada puerto se escuchará,
el canto matinal del viento sin naufragios.
Huir tendrá sus recompensas,
festín para los mendigos cuando llegue el rey
y sean vistos los justos, los amantes, los sabios.
Nadie aceptará la limosna ofrecida por tercos oficiales
de un mundo que se desploma frente a la claridad astral.
El valor de las joyas no se pierde en el fango, y el brillo
lo guarda para ti el amigo, el hermano.
Quisiera huir de mí, para encontrarme.

Lucía Serrano

DESEO QUE RECUERDES



Deseo que recuerdes, fue donde las aguas no tenían doble
ces y llevaban el vértigo al océano.
Un amor ebrio para los extranjeros que poseen el
corazón alfigido, sin substancia.
Los espías, no escucharán el sonido que transporta en la
indiferencia del tiempo, los grandes desafíos.
Un cuerpo intocable a la vida, se hará invisible a la muerte.
Una mañana caerá a los pies del mundo y nadie recogerá
su cadáver.
Entre ángeles hechizados por el saber, ningún ataud espera.
Algunas noches como esta, tristezas ensombrecidas por
luces nocturnas te acercan a mis sueños.
Humos impropios de una belleza desconocida, repro-
duciendo la unidad de los grandes intentos.
El hombre es un bosque de símbolos, se balancea hacia sus
costados ignorando que tiene arriba y abajo.
Danzante serpiente al borde del abismo, le hace creer que
el mundo puede ser tragado en un minuto.
Inexplicable magia que no tiene certezas.
Sin inocencia, sólo el amor encuentra.

LUCIA SERRANO (del lbro "BLUES PARA LA CORONA")

EL AMOR


Y él alzó su cabeza, miró a la gente 
y la quietud descendió sobre todos. 
Entonces, con fuerte voz dijo:

Cuando el amor os llame, seguidle.
Aunque su camino sea duro y penoso.
Y entregaos a sus alas que os envuelven.
Aunque la espada escondida entre ellas os hiera.
Y creed en él cuando os hable.
Aunque su voz aplaste vuestros sueños,
como hace el viento del norte,
el viento que arrasa los jardines.
Porque, así como el amor os da gloria,
así os crucifica.
Así como os da abundancia, así os poda.
Así como se remonta a lo más alto
y acaricia vuestras ramas más débiles,
que se estremecen bajo el sol,
así llegará hasta vuestras raíces
y las sacudirá en un abrazo con tierra.
Como a gavillas de trigo
él os une a vosotros mismos.
Os desgarra para desnudamos.
Os cierne, para libraros de los pliegues
que cubren vuestra figura.
Os pulveriza hasta volveros blancos.
Os amasa, para que lo dócil y lo flexible
renazca de vuestra dureza.
Y os destina luego a su fuego sagrado,
para que podáis ser sagrado pan
en la sagrada fiesta de Dios.

Todo esto hará el amor en vosotros
para acercaros al conocimiento de vuestro corazón
y convertiros por ese conocimiento
en fragmento del corazón de la Vida.
Pero si vuestro miedo
os hace buscar solamente la paz
y el placer del amor,
entonces sería mejor
que cubrierais vuestra desnudez
y os alejarais de sus umbrales
hacia un mundo sin primavera
donde reiréis,
pero no con toda vuestra risa,
y lloraréis,
pero no con todas vuestras lágrimas.

El amor no da más que de sí mismo
y no torna nada más que de sí mismo.
El amor no posee ni es poseído.
Porque el amor es todo para el amor.
Cuando améis no digáis:
"Dios está en mi corazón",
sino más bien:
"Yo estoy en el corazón de Dios".
Y no penséis en dirigir el curso del amor
porque será él,
si os halla dignos,
quien dirija vuestro curso.
El amor no tiene otro deseo
que el de realizarse.

Pero si amáis
y no podéis evitar tener deseos,
que vuestros deseos sean estos:
fundirse y ser como el arroyo,
que murmura su melodía en la noche;
saber del dolor del exceso de ternura;
ser herido
por nuestro propio conocimiento del amor;
sangrar voluntaria y alegremente.



- Gibran Jalil Gibran (جبران خليل جبران بن ميخائل بن سعد Ŷibrān Jalīl Ŷibrān ibn Mijā'īl ibn Sa'd era su nombre completo en árabe) fue un poeta, pintor, novelista y ensayista libanés nacido en Bisharri, Líbano, el 6 de enero de 1883 y fallecido el 10 de abril de 1931 en Nueva York: la causa de su muerte se determino que fue cirrosis en el hígado y tuberculosis.
- La ortografía de su nombre más conocida procede de la transcripción inglesa del original árabe. La transliteración correcta en español más utilizada en publicaciones especializadas, es Yibrán Jalil Yibrán o Yubrán Jalil Yubrán.

miércoles, 17 de abril de 2013

ME SOBRAN LOS MOTIVOS



Me sobran los motivos para decir que ninguna felicidad
alcanzó el cenit de mis orificios.
Que nadie se quedó a mi lado, que siempre fui extranjero,
extraterrestre, malviviente y atrevido.
Genio por ningún motivo, más que por ese afán
de doblar a la izquierda, de no tener camino.

Te encontraré amor en todos lados
y todas las ausencias que viví al esperarte
de tanto no estar, amables lejanías
Cuando volvamos a vernos,
empezaremos mil veces y una más,
un viaje hacia el Delirio.
Letras, palabras, sin vos,
sin voces, contigo, conmigo.

Esta falta de algo
que hace incompletos a todos los sitios habitables,
a mis alrededores, a más allá de los cielos,
al jeringozo, a las academias,
esta falta de algo es uno en más de los sinsentidos.
Pero un Real vuelve a instalarse
en los sillones del palacio donde vivo
y descalzo camina por alfombras persas
cantan canciones,
versos místicos,
jeroglíficos.

Me quedo quieta mirando ese horizonte
que jamás imagino vive a mi lado,
y así, aparentemente insatisfecha soy feliz.

Me sobran los motivos
para estar contigo.

LUCIA SERRANO (del libro inédito REVIENTE)