20 de septiembre de 2014

Y sumérgete dentro del océano (por Giorgos Seferis)



Asómate si puedes al mar en sombras, olvidando

el son de flauta para los pies desnudos

que pisaban tu sueño en otro tiempo, tiempo

devorado.

Graba si puedes en la última de tus conchas

nombre, lugar y día

y arrójala después a las fauces del mar.

Desnudos nos hallamos encima de la piedra

esponjosa,

contemplando las islas que surgían,

mirando sumergirse las islas coloradas

en su propio soñar, en nuestro sueño.

Estábamos aquí, desnudos, sosteniendo

la balanza inclinada

en pro de la injusticia.

Talón de poderío, voluntad inmaculada, meditado

amor,

designios que maduran bajo el sol de mediodía,

sendero del destino al ritmo de las manos jóvenes

que palmean sobre los hombros;

en el país disperso, despojado de toda resistencia,

en el país que ayer apenas era nuestro

se hunden las islas, orín y ceniza.

Altares demolidos

y amigos olvidados,

hojas de palmera entre el fango.

Deja si puedes que tus manos viajen

aquí, confín del tiempo, en el navío

que ha visitado el horizonte.

Los dados ya sobre la losa,

ya que la lanza dio con la coraza,

reconocido por el ojo el extranjero,

y el amor desecado

en almas como cribas;

cuando miras alrededor y encuentras

en torno a ti los pies segados,

en torno a ti las manos muertas,

en torno a ti los ojos entenebrecidos;

cuando ya ni siquiera puedes elegir

la muerte que quisiste tuya,

morir oyendo un grito,

fuera un grito de lobo,

como es tu derecho;

deja que tus manos viajen,

despréndete del tiempo desleal

y sumérgete dentro del océano;

habrá de sumergirse quien sustenta las

enormes rocas. 

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