30 de septiembre de 2015

(el cuadro se llama "Me gustaría" de Geles Calderón)

(del libro de LUCIA SERRANO “LA INEPTITUD DE LOS VAMPIROS”) 

A Miguel Oscar Menassa

Por su grandeza, maestría capaz de capturar el estallido, 
entregándolo.
Vuelvo a festejar escribiendo, las marcas que grabaron
nuestros pasos.

INTRODUCCIÓN

Todo fue inevitable para quien amó con tanta pasión la deriva y
se perfeccionó en Altamar, para no oponerse al oleaje
embravecido, ni desear contrariar los vientos, ni llorar por la
soledad del océano, ni tener presente el tiempo que detiene los
grandes sueños por amor al destiempo.
¿Quién arma las mareas que desafían los navegantes más
expertos? El mar ama desaforadamente su propia furia y brutal
en su desvarío, sólo pretende el movimiento que le propone el
viento.
Ruta que se va haciendo sola con sus propias huellas.
Tormentos de vivirlo todo, sin que esté permitido en esta tierra.
Cada maniobra en Altamar tiene su sentido.
El poeta habita los imposibles y nostálgico vaga entre las
sombras, sediento por encontrar lo que ya no recuerda que
buscaba.
Olvidos que todo lo hacen general e incierto.
Los grandes navegantes temen al mar. La vida de un hombre
desesperado por la violencia a la que fue sometido, no tiene
medida por despertar las furias que enturbiaron una vez más su
cometido.
Un ser dotado para cualquier destreza, que sin embargo le tocó
estar quieto. Contrarió la natural violencia que tiene la naturaleza
y amó ese ritmo.
Es el lenguaje el que manda, él es Dios mismo.

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