13 de junio de 2010

CONVERSANDO CON MIGUEL GRINBERG

“...Cuando teníamos las botas en la nuca éramos más creativos, más incisivos y más determinantes. Ahora todo se ha vuelto más blando y complaciente...”


Flavia Cosma



El rock vernáculo está a pasos de cerrar una nueva década que pasará sin pena ni gloria, una década de mucho ruido y pocas nueces. Los templos del rock se han masificado y hoy no basta con una sola fecha para que sus tribus puedan acceder a escuchar a sus ídolos, pese a esa masificación, este género no deja de crecer. El rock nacional no pasa por un momento de creatividad y de evolución. Hoy, llenar un micro estadio o el histórico Luna Park no les otorga el diploma de bandas cumbres, sólo unos pocos brillan con luz propia... Pero quien mejor que Miguel Grinberg para sentarse a conversar de la evolución del rock desde sus comienzos, de sus pro y sus contra, de un fenómeno que parece estar más vivo que nunca pero que no goza de la calidad musical y de la poesía de antaño.

G.A.: Hasta que llega el rock, a mediados de los cincuenta…
M.G.: Sí, tenía dieciséis años cuando irrumpió el rock and roll en el mundo, así que fui uno de los millones de jóvenes que quedó atrapado por el influjo del rock.
Gracias a un equipo de radio de onda corta que teníamos en casa, escuchaba la voz de América, era una audición de Estados Unidos para el mundo, iba en castellano y tenía el hit parede, la caravana de éxitos, que no sólo pasaba rock sino todo tipo de géneros musicales. Ahí comencé a escuchar los discos de Billy Haley y los Cometas, a Little Richard.

G.A.: La generación beat ha tenido mucho que ver en la irrupción del rock en aquella década. ¿Cuánto influyó en usted?
M.G.: Te diría que fue una experiencia simultánea. La generación beat surge en los años cincuenta como el rock and roll, aunque por razones generacionales tanto en ellos como en mi caso había predilección por el jazz moderno. Apareció Coltrane, Miles Davis, músicos de vanguardia, que pegaron muy fuerte y que luego llegarán donde todo el mundo sabe.

G.A.: ¿Usted ha tenido una relación muy estrecha con los pioneros de este movimiento?
M.G.: Mi madre me había mandado a estudiar inglés al Instituto Británico, era bilingüe. Yo leía todas las revistas que llegaban de música. No cabe dudas que esa simultaneidad influyó en mi vida. Mucho antes que se tradujeran las novelas de Kerouac al castellano yo ya las había leído en inglés, compraba los libros en la librería Pigmalión de la calle Florida donde te los traían de Estados Unidos por encargo. Un amigo de aquella época fue a estudiar al Actors Studio y me envió “El Aullido”, de Allen Ginsberg, me causó un gran impacto. El destino quiso que fascinado por su poesía tradujera algunos de sus poemas para difundirlos y como siempre, he tenido un espíritu prolijito, escribí a la editorial para que me autoricen.

G.A.: ¿Cuál fue la respuesta?
M.G.: Nadie me contestó, supuse que la carta había muerto. Luego de un tiempo recibo una carta del propio Ginsberg, donde me contesta amablemente diciéndome que con mucho gusto podía hacer uso de su poesía para difundirla en castellano. Me hizo una sugerencia, que pusiera las palabras más frontales e intrépidas que hubiera en el idioma y que me abstuviera de suavizar su poesía, algo que lo tuve muy en cuenta. Sin duda, la generación beat fue un gran referente en aquellos años y continúa siéndolo.

G.A.: ¿En ese período también comienza a escribir sobre rock?
M.G. : No, mi primera incursión en el campo cultural no fue básicamente la comunicación radial o periodística sino que tuvo más que ver con una actividad literaria. Junto con otros amigos fundamos la revista Eco Contemporáneo, donde publicábamos cuentos y poemas. Mi espíritu organizador tuvo la posibilidad de manifestarse por correo con otras revistas análogas, que habían aparecido en América Latina y formamos una especie de red poética que la bauticé “Nueva Solidaridad”. Ya no sólo me escribía con Allen Ginsberg sino que también con varios poetas de Estados Unidos. Al entablar relación con otras revistas latinoamericanas organizamos en febrero de 1964 un encuentro de poetas en México. Recuerdo que fui con lo justo, un pasaje de ida y a partir de ahí me dediquè a andar de mochilero por los Estados Unidos, allí fui conociendo personajes de la literatura mundial, como Henry Miller y Thomas Merton con los cuales también entablé correspondencia . Cuando yo vuelvo de Estados Unidos con una experiencia ventajosa, organicé en el Instituto Di Tella una muestra de cine de vanguardia con la cinemateca de Nueva York y comencé a hacer mis primeras experiencias de periodismo profesional, trabajando en el diario “El Mundo”. Con el tiempo comencé a trabajar en la revista “Panorama” realizando críticas de cine y música.

G.A.: ¿Ahí es cuando inicia su relación con el rock nacional?
M.G.: Mi Primer contacto fue en La Cueva de Pueyrredón a través de una amiga Susana Nadal (La madre de Fidel) y fue por Carlos Mellino que paulatinamente me fui vinculando con Moris, Tanguito, Javier Martínez. Al tiempo iniciamos junto a Susana el primer recital grupal que lo llamamos “Aquí, allá y en todas partes”. Alquilamos el Teatro de La Fábula durante tres días, ahí tocaron Moris, The Seasons (banda de Alejandro Medina y Carlos Mellino). También se iba a sumar Javier Martínez, pero según Javier los genios no necesitan ensayar, así que se bajó del proyecto. Hubo gente que tocó y que no tuvo trascendencia por aquella época. También se acercó a la redacción de Panorama el hermano de Emilio Del Guercio a traerme el primer simple de Almendra, a partir del cual me vinculé con ellos. Después comenzó todo lo que es historia, el Festival Pinap del 69, el B.A.Rock del 70. Mi trabajo periodístico y mi simpatía generacional hizo que entablara relaciones con la mayor parte de los protagonistas de aquella época.

G.A.: En la última edición de su libro “Como vino la Mano” hay un manifiesto de Pablo Dacal acerca de la muerte del rock ¿comparte esa opinión?
M.G.: En el primer párrafo del manifiesto “asesinato del rock”, señala que éste ya no nos representa por completo. No decreta su muerte, sino que menciona la insuficiencia del rock en su momento actual. Esto es lo que sucede en todos los géneros musicales, los estilos de música cuando aparecen, irrumpen, tienen mucha fuerza, al mismo tiempo mucha resistencia, pero finalmente cuando se imponen entran en un estado de meseta y a partir de ahí se implantan en la generación contemporánea y mantienen su vigencia a través de los años o hasta que aparece otra forma musical que lo desplaza y dejan de ser novedad. Se convierten en una tradición. Hoy con cincuenta años de historia en el mundo, el rock es un género más, como el bolero o cualquier música popular, pero ya no es dominante

G.A.:¿Por qué instancias entiende usted que está atravesando el rock en Argentina?
M.G: La evolución que se da tanto en la música como en el cine y en la pintura, hace que surja una generación que no se limita a repetir lo que ya está consagrado, asimilado, sino que busca otras vías de expresión en lo experimental, en las mezclas de otros ritmos. Hoy estamos en un periodo de efervescencia y de invención donde no hay una forma musical consolidada como expresiva de esta época caótica, en la que estamos sumergidos, pero eso hace en gran medida que los músicos estén explorando con gran compromiso los caminos nuevos.

G.A.: ¿No hay músicos que nos representen como en las generaciones anteriores?
M.G.: Nadie me contestó, supuse que la carta había muerto. Luego de un tiempo recibo una carta del propio Ginsberg, donde me contesta amablemente diciéndome que con mucho gusto podía hacer uso de su poesía para difundirla en castellano. Me hizo una sugerencia, que pusiera las palabras más frontales e intrépidas que hubiera en el idioma y que me abstuviera de suavizar su poesía, algo que lo tuve muy en cuenta. Sin duda, la generación beat fue un gran referente en aquellos años y continúa siéndolo.

G.A.: ¿El rock ha perdido la poesía que lo caracterizó?
M.G.: El rock no está innovando, está en sus carriles históricos reiterando senderos que son conocidos y desde un punto de vista poético no han aparecido figuras notorias que establezcan una diferencia, que vayan más allá de lo que se ha amasado durante todo este momento.

G.A.: ¿Por qué este género popular ha sido tan castigado tanto por la derecha como por la izquierda en sus comienzos?
M.G.: Siempre ha tenido resistencias ideológicas en Argentina debido a la tradición singular en la que estamos inscriptos, para la izquierda que es netamente antiimperialista y antiamericana, el rock siempre fue visto como una presencia extranjerizante, desagradable, especialmente por figuras militantes. Una vez me tocó entrevistar a Pugliese, él tenia un desdén absoluto afirmando que no era música de acá, y eso ha pasado siempre y más en la época pionera, donde las conducciones universitarias que siempre fueron de izquierda y las más combativas nunca se solidarizaron con el rock, muy ocasionalmente hubo presencia de los rockeros en las facultades de Buenos Aires. Recuerdo un concierto de Sui Generis en la Facultad de Medicina pero no era una constante. Es curioso porque cuando surge la bossa nova en Brasil el concierto fundacional fue en la Facultad de Arquitectura, mientras acá la facultad se mantuvo retractaría. Y al mismo tiempo, la derecha argentina lo consideró como algo ajeno a su naturaleza, porque la derecha de nuestro país es pro europea, tiene una formación cultural netamente francesa, la antigua oligarquía terrateniente acostumbraba vivir seis meses acá y seis en París, por lo tanto esa porquería que tenìa raíces negras era detestable. Por otro lado, consideraban que era música de las chusmas, de personas de un extracto social inferior, por lo tanto era desdeñable.

G.A.: Sin embargo hoy es diferente, las grandes multinacionales los auspician y hasta organizan conciertos masivos…
M.G.: Todos quieren al rock, hasta en las campañas políticas, es un negocio más. Hoy las grandes marcas se han apoderado de los estadios, esto está pasando con la cerveza, con la indumentaria, el gran comercio se ha subido al caballo de una cosa que se hace en nombre del rock, pero que es muy híbrida, inventando revistas, inventando bandas que no son más que usufructuarias de lo que encuentran en la meseta ya impuestas y que desde el punto de vista musical y poético son bastante insuficientes.

G.A.: ¿Esto no era un poco previsible, viendo en qué forma venía creciendo el rock en Argentina como fenómeno de música popular?
M.G.: Esto ya se vio en Estados Unidos después de Woodstock. El modelo de mega recital que se expandió en todo el mundo, uno de los ejemplos ha sido el Rock in Río. En gran medida lo primero que apareció fueron las camisetas de rock, luego las motos, los equipos de audio. Hoy en día, de la mano de todo esto que es el rock comercial están las compañías de celulares vinculadas al rock híbrido, como medio de llegar a la juventud, la cual está visualizada como consumidora.

G.A.: ¿En dónde está haciendo agua el rock? ¿ Qué es lo que usted considera que está ausente en su poesía?
M.G.: Hoy el rock carece de conciencia social. Todo lo que ha sido la gran literatura, el arte, lo más trascendente ha tenido que ver con lo que es la experiencia humana y la experiencia del conocimiento y del proceso evolutivo de nuestra especie. En momentos críticos donde lo ecológico es dominante no se están diciendo cosas, esto no significa que el rock siempre tenga un mensaje verde, pero en este lugar está ausente. El rock nacional irrumpió en la Argentina en épocas dictatoriales y las letras apuntaban a lo difícil que era ser joven en la Argentina. Literalmente uno agarra la primera época y era la resistencia a la represión, el descubrimiento de la sexualidad y el deseo de vivir intensamente, eso hoy no está muy reflejado y todo aparece disfrazado de protesta y desde una protesta muy infantil.

G.A.: Pareciera ser que somos hijos del rigor, cuando hubo dictaduras florecíeron los grandes talentos a la hora de componer letras…
M.G.: Cuando teníamos las botas en la nuca éramos más creativos, más incisivos y más determinantes. Ahora todo se ha vuelto más blando y complaciente. Hoy el tema es cuánta gente metiste en un estadio, o qué equipos te has comprado, o en qué famoso estudio has grabado tu último trabajo. Es un momento en donde la piratería por internet hace que el negocio del disco esté desnaturalizado.

G.A.: ¿Sería un poco injusto señalar que gracias a Onganía surgieron los mejores músicos de este género?
M.G.: No, yo modificaría ese concepto, te diría que gracias a ellos no está más Onganìa, no porque hayan sido los únicos resistentes en la Argentina. Sería un acto de injusticia, a nivel sindical, estudiantil, hubo una militancia de resistencia, pero en relación a la música popular es gracias a la generación pionera del rock que estos elementos dictatoriales no prosperaron.
Si uno revisa las letras de las bandas de los años sesenta y setenta encuentra escrita una buena parte de la Historia Argentina de la resistencia, Miguel Cantilo, Charly.

G.A.: Si tendría que nombrar dos obras cumbres del rock nacional ¿cuáles serían a su entender?
M.C.: Comenzaría primero resaltando al que considero el grupo pináculo que para mi criterio es Serú Girán. La mayor parte de las bandas argentinas se disolvieron en el pináculo de su trayectoria, no cuando estaban en decadencia, no se permitieron entrar en ella y los que terminaron en su máximo potencial fueron ellos, sobretodo por la entrega y la creatividad de sus cuatro integrantes. También una de las obras magnas es Artaud de Spinetta que en verdad aparece firmado por Pescado Rabioso pero es una obra integral de Luis. Por otro lado en materia de blues urbano es imposible no remitirse a la obra de Javier Martínez, como un arquetipo fundacional, eso no quiere decir que no haya habido exponentes de blues urbanos de primera magnitud, pero en el caso particular de Martínez como generador de un estilo, me parece indiscutible. Es como una sinfónica, los que han aportado elementos para este concierto son innumerables.

G.A.: ¿Cuál es el mensaje que usted desea transmitir en Rock que me hiciste bien?
M.G.: A mí no me interesa la arqueología, hacer la cabalgata tipo disc jockey de éxitos del pasado, porque eso me molestaba en los viejos programas de tango, sólo pasaban los grandes momentos y los grandes valores de los años cuarenta. Yo desbarato material discográfico de los momentos fundacionales que nunca se reeditaron en cd, para esto me ayuda mi colección de vinilo. Históricamente utilizo más material de discos que no se consiguen en cd. Por supuesto que mi interés pasa por darle difusión a lo nuevo, tanto en vivo como en el estudio, o como la semana pasada en el Auditorio Nacional cuando festejamos los cuatrocientos programas. Músicos como Pablo Dacal, Antonio Birabent o Sebastián Wolff, me parece que son los que están haciendo la música que importa hoy como música urbana, no olvidemos que el rock es netamente urbano.

G.A.: Su programa llega a todo el país ¿también trata de difundir las bandas del interior?
M.G.: Absolutamente, me llegan producciones independientes de bandas nuevas a la radio que no tienen una mayor difusión en Buenos Aires: The Killer Burritos, Patagonia Rebelde de Rosario, hay bandas como Caburoblus que acaban de mandarme su nuevo disco y lo estoy pasando, y en Buenos Aires no se escucha. Siento que tengo la responsabilidad desde la A.M de Radio Nacional de darle una difusión a nivel país a todas las bandas, no sólo a todo nuestro territorio, sino que también nos llegan mensajes de Salto Uruguayo o de la Patagonia Chilena, por lo pronto es una responsabilidad. Hacer lo contrario de lo que pasaba en la época generacional, que había bandas que sólo se las podía escuchar yendo a sus conciertos, esto de llegar a todo el territorio nacional y atravesar fronteras me da mucho ánimo.

G.A.: ¿Qué rescata de esta última década de rock?
M.G.: Hay mucha materia prima dando vuelta, pero diferente de los inicios. Las bandas son efímeras, los solistas tienen un tema de impacto pero no constituyen una obra consolidada, digamos que estamos en el medio de una sopa que está hirviendo, tratando de desentrañar que es lo que se está produciendo y que sabor tiene. Pero estos diez primeros años del siglo XXI no han consolidado al rock. Hay exploradores de un territorio desconocido pero no descubrieron América.

Patricio Fernández

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