9 de julio de 2012

CARTA DE AMISTAD A UN CIELO




Aquí me tienes, cielo, delante de tus símbolos.
Tuyos de nuevo son los cauces de mi azoro.
Cada noche te escucho conversar con mi espíritu
y llamar mis corderos a rediles de oro.

Te he venido a esperar al balcón predilecto,
que domina las cúpulas y preside el paisaje.
Te he venido a esperar como a un hombre que vuelve
por senderos de pinos y de nubes en viaje.

Es el mismo balcón de la estrella y los diálogos
con las criaturas párvulas. Reconocerlo puedes,
porque en él me hallarás con mi signo infinito,
asomado a la cal de sus blancas paredes.

Con naturalidad me apoyaré en el hombro
de tu sosiego azul. Y al pie de tu penumbra,
me verás desde el monte más lejano; el que tiene
unas piedras heladas que la aurora deslumbra.

Son las seis de la tarde. Es nuestra hora única.
Tus espíritus bajan por azules colinas.
Estás próximo. Llegas. No es posible dudarlo,
y en mi suelo pondrás tus pisadas divinas.

Mas, si acaso hoy no vienes, mi absoluta esperanza
persevera. Yo soy, bien lo sabes, tu amigo.
Vendrás cuando florezca la brisa, o cuando nazca
el tierno recental con su pelo de trigo.

De los dorados lápices que están sobre mi mesa,
he tomado al azar el más puro y ligero.
Con él te escribo ahora esta carta, y por ella
sabrás que si hoy no vienes, cualquier día te espero.

GERMÁN PARDO GARCÍA
Colombia-1902
De “Las voces naturales"

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