7 de marzo de 2015

Lavorare stanca, Cesare Pavese

Trabajar cansa, Cesare Pavese

Atravesar una calle para escapar de casa
sólo lo hace un muchacho, pero este hombre que vaga
todo el día por las calles ya no es un muchacho
y no escapa de casa.

Hay tardes de verano en que hasta las plazas están vacías, se extienden
bajo un sol casi poniente, y este hombre, que viene
por callejuelas de inútiles plantas, se para.

¿Vale la pena estar solo, para estar siempre más solo?
Con sólo dar la vuelta, las calles y la plaza
quedan vacías. Desearía detener a una mujer,
hablarle y proponerle que vivan juntos.

De otra forma, uno habla solo. Por eso en ocasiones
los borrachos se atacan con discursos nocturnos
que relatan los proyectos de toda una vida.

No es seguro que al ir a una plaza desierta
te encuentres con alguien, pero los que vagan por las calles
se quedan de vez en cuando. Si anduviera con alguien
mientras cruza estas calles, la casa sería
donde ella estuviera, y entonces valdría la pena.

Por la noche la plaza vuelve a quedar vacía
y este hombre, que pasa, no mira las casas
tras las inútiles luces, no levanta más los ojos:
sólo siente el asfalto que han hecho otros hombres
con manos endurecidas, tal como las suyas.

No es bueno quedarse en la plaza desierta.
Con seguridad habrá una mujer en la calle
qué, si él se lo pide, querrá llevarlo de la mano a casa.

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