5 de noviembre de 2014

ES EL LENGUAJE QUIEN HABLA, ÉL ES DIOS MISMO


La grandeza de un poeta, de un visionario o profeta, reside más claramente en
sus grandes intentos, que en sus pequeños logros.
El intento del poeta es grandioso y no siempre alcanzable, salto sobre el río cuyo puente ha sido quebrado, pero cuyas orillas estarán siempre a la misma distancia.
El poeta es la encarnación viva de la palabra y se dirije allí donde olvido y memoria, arden en la misma hoguera de nuestro corazón.
El poeta roza los abismos del origen, poseedor de lo que nunca será suyo y sin embargo, deberá transmitir, un inevitable.
Al escribir todo se torna espontáneamente un recuerdo.
Es el lenguaje quien habla.
La humanidad que el hombre produce en la escritura, no está en el hombre.
La escritura excede a todo hombre y la poesía es un canal de su luz.
Hay en las letras, un misterio para el poeta: “¡Musa, intenta decirles a los mortales lo que sabes!”
Rumi dijo una vez: “Un pájaro que vuela hacia arriba, no alcanza los cielos, pero se eleva por encima de los techos y así escapa”

Nosotros iremos por los más bellos ríos y con el tiempo nos animaremos a los grandes océanos.

LUCIA SERRANO

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